El ‘ghosting’, el arma de la generación Z

Cada vez son más los términos que a lxs que vamos creciendo nos va costando más comprender y es que la generación Z más joven, es experta en esto de dar sentido a situaciones que también van naciendo a raíz de la evolución de las redes sociales.

Tengo varixs amigxs que me hablan del ‘ghosting’ y lo peor de todo, de la forma en que lo hemos normalizado y aceptado, así como sufrido. Las redes sociales han traido muchas cosas positivas, de eso no cabe duda, pero… ¿alguna vez nos hemos parado a analizar el lado oscuro de ellas? Las personas y digo los jóvenes, hemos normalizado antes el follar que el tener una conversación sobre cómo nos sentimos o lo que estamos experimentando a lo largo del proceso de conocer a la otra persona. Nos resulta más fácil quitarnos la ropa que decirle a la persona que algo no nos gusta o que ha tenido alguna actitud que nos ha ofendido o molestado. No queremos parecer débiles ni abrirnos en canal por miedo a que nos hagan más daño, como si ya no tuvieran suficiente información para hacernoslo con lo más mínimo.

Porque justo la empatía es uno de los valores que más se ha perdido con el auge del mensajeo constante tras una pantalla, del cancelar un plan media hora antes, del dejar en visto a alguien durante semanas o incluso ignorarle después de haberle prestado papel para que se limpiara tu semen. Hemos llegado y sobrepasado el límite donde el respeto hacia la otra persona se esfuma y no importa. Y se recurren a excusas del tipo he estado liadx, tengo ansiedad, no he tenido tiempo, estoy desintoxicándome del móvil o directamente, el problema no es tuyo, soy yo… así, sin más.

Obvio cada unx es dueñx de decidir cuando comenzar o dar por finalizado un vínculo si considera que no es el adecuado o simplemente no quiere, pero hay algo que hemos perdido y es el respeto y la empatía por el otro. ¿Te interesas por los sentimientos o pensamientos que has podido generar en la otra persona? ¿Por sus preocupaciones o sus miedos? ¿Por lo que pueda generarle que sea la decimotercera vez que alguien le deja a la deriva sin ningún tipo de explicación? ¿Qué hay de la responsabilidad afectiva que se debe asumir cuando se ha generado un vínculo fuerte con alguien y de la noche a la mañana decides que no es la persona, o el momento, o ni siquiera estás en el lugar?

El ‘ghosting’ está causando mucho daño en preadolescentes y adolescentes. Son la primera generación de la historia que accede a las redes sociales y comienza a conocer a desconocidxs con tan corta edad y sin apenas tener referentes, ni referencias sobre educación emocional, ni la confianza suficiente para hablar de ello con alguien de su entorno, porque incluso muchos padres y madres también han sucumbido a las redes sociales, dejando a un lado la comprensión que a estas edades lxs hijxs necesitan. Generan estrés, ansiedad, sensación de abandono y de incertidumbre, porque cuando no obtienes respuesta de lo que está sucediendo y pierdes «el control» de la situación, es cuando incluso muchxs se responsabilizan de la huida del otrx y se preguntan ¿habré hecho algo mal?, ¿le habré espantado?, generando esto una desestabilidad del autoestima brutal.

Ser ‘ghosteador’ es ser responsable de un acto despiadado. He leído en diversos blogs y artículos que las características principales de estas personas son la irresponsabilidad, la inmadurez y la falta de empatía. Buscan satisfacciones efímeras, huyen de los problemas, tienen nula capacidad comunicativa y les da miedo la intimidad… pero, ¿podemos pararnos un momento para recuperar un poco de humanidad? De esa que hemos perdido para convertirnos un poco más de piedra, un poco más individualistas, más orgullosxs… Y lo peor es que a este término le ha nacido un hermano el ‘orbiting’ que básicamente es cuando «ni comen ni dejan comer» y no contentxs con pirarse y no dar explicaciones, siguen visualizando tu contenido, tus fotos, stories… e incluso dejan algún mensaje a modo de limosna, un emoticono, un jaja.

Pasan los años y las décadas y realmente la figura de ‘ghosteador’ ha existido siempre, de no responder una carta, a no contestar una llamada, pero lo realmente grave es que actualmente vivimos conectados 24/7 y ya pocas son las excusas válidas.

Como colofón quisiera dejar un consejo por aquí, que una persona no tenga los recursos o no quiera tenerlos para expresar los motivos de su marcha no siginifica que tú como persona tengas un valor u otro. Habla de ello con tus amigxs, suelta la rabia y no pidas rendir cuentas, posiblemente encontrarás un reproche o una burla. Pasa página, deja esta historia atrás y ¡VALÓRATE!

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